
La relación entre el hombre trascendente
y el acto trascendente
(una mirada desde el lado de la ética)
Como mencionamos en una nota anterior, Ernesto Mejía se ha retirado luego de 39 años de servicios médicos ininterrumpidos, periodo en que ha prestigiado a esta institución. El Cuerpo Médico organizó una merecida Ceremonia de Reconocimiento a su persona, en el auditórium principal del hospital.
La pregunta obligada es ¿por qué se llenó el auditórium, y por qué este homenaje tuvo el inmenso calor que producen los agradecimientos colectivos?
Un cirujano desprendido
Ernesto (simplemente Ernesto) era un cirujano muy solicitado tanto por los colegas médicos y trabajadores en general. Lo buscaban para que atienda a sus padres, hermanos o hijos, y también para muchos casos difíciles, a lo que accedía en forma totalmente desinteresada; y los pacientes sentían la seguridad que estaban siendo atendidos por uno de los mejores cirujanos del hospital Carrión.
Pero además de ello, en los momentos difíciles, o cuando surgía alguna complicación y se requería el auxilio pronto de un cirujano experimentado, sobre todo los residentes, no dudaban en llamar a Ernesto, sin que importe la hora; y es así como lo veíamos llegar hasta de madrugada a la emergencia en un día que no estaba de guardia, para ayudar al colega en apuros, para que finalmente el paciente no se vea perjudicado.
Luego de ello, lo veíamos pasar la visita como si nada hubiera ocurrido, sin reclamar día compensatorio o algo por el estilo. Este hecho definía con claridad el carácter de Ernesto, y era una de las razones por las cuales había logrado ascendencia y respeto entre los colegas, convirtiéndose en un verdadero líder en el hospital dentro de la institución.
Los mediocres no toleran a los hombres trascendentes
Los valores –sin ninguna duda- vienen de cuna, pero es importante señalar que estos se vieron reforzados por los grandes maestros que tuvo en el ambiente de cirujanos. Hombres como Don Luís Gurmendi y Don Carlos Cáceres por mencionar sólo a algunos de ellos -quienes también fueron líderes en su momento- lo guiaron por la senda del actuar correcto.
Lamentablemente, la mezquindad, la envidia y otros antivalores también son propios del ser humano; pero son prevalentes sólo en los hombres minúsculos. Era un secreto a voces que el actual director se las había jurado hacía mucho tiempo, y que llegado el momento “lo sacaría” del cargo de Jefe de Departamento. Esta promesa se cumplió ante el estupor de los trabajadores del hospital, y la inacción de los niveles superiores del ministerio de salud.
La reserva moral del hospital desagravia a Ernesto Mejía
Este es el contexto en que se da la ceremonia; y la participación masiva en el auditórium significa pues hacer el desagravio a un hombre honesto y transparente. Por supuesto que el director ni su “equipo de gestión” tuvieron la entereza de estar presentes. Como diría mi abuela Cristina: “su conciencia sucia les ha hecho que no puedan asistir”, motu proprio.
El comentario general ese día era que Ernesto Mejía salía en hombros, como los grandes.
Callao, 04 de abril del 2007.
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